El trío de la muerte

El trío de la muerte es un nickname que mis padres nos pusieron a Fer, Mariana y a mí.

Fer y Mariana son dos de mis mejores amigas, que junto con mi güeri Nadja, han sido algunas de las personas importantes que han salvado mi vida y que considero un pilar grandísimo en todo este proceso de recuperación después del agujero negro en el que me metí en 2019 después de mi primer corazón roto.

La verdad es que no recuerdo muy bien cuándo empezaron a llamarnos así todos. Todo empezó cuando en algún momento de mi vida de desmadre, fiesta y perdición, pedía permiso para salir con amigos y cuando me preguntaban quién iría y yo mencionaba a Fer y Mariana, mis papás siempre hacían caras raras y un día en broma dijeron que éramos el trío de la muerte porque salir juntas las tres, sólo significaba peda y desmadre seguro… and it’s funny because it’s true… Yo platiqué ese nickname estando con un grupo de amigos en una organización donde éramos voluntarias (AIESEC) y pues sí, todos coincidían en que juntarnos a las tres, significaba quedar inconscientes por la cantidad de alcohol que bebíamos.

Y bueno, así empezamos a ser el trío de la muerte y causábamos «miedo» cuando confirmábamos que íbamos a ir juntas a una fiesta. Lo increíble de nuestra relación es que así como estamos juntas en fiestas y desmadre, también lo estamos cuando tenemos los peores problemas en nuestras vidas; es como un super combo en cuestión de amistad, lol! La verdad es que las amo con todo mi corazón y soy la más feliz teniéndolas en mi vida.

Cuando entramos en mood party bitches, nos transformamos completamente, hahaha! Tenemos personalidades distintas y muy chistosas. Fer es como nuestra mamá, la verdad es la más responsable y las que nos cuida y se preocupa por nosotras aunque esté peda. Mariana es la party girl, buena onda, la que baila, hace amigos y se la pasa a toda madre, es super buena copa. Y yo, yo soy la zorra mala copa del grupo, lol, soy la que en las fiestas desaparece misteriosamente y ya se está agarrando con tres batos, la que coquetea para conseguir alcohol gratis y que cuando ya estoy super mal, me pongo a llorar por cualquier tontería.

Esta vez quiero contarles sobre ellas porque este fin de semana, después de casi un año y medio de no vernos por la estúpida pandemia por Covid, nos reencontramos y nos fuimos de viaje improvisado. La verdad hace mucho no me divertía y no me sentía tan feliz como este fin y fue un enorme boost para mi. Lo que más amo de estar con ellas, es que suelto el control que siempre quiero tener, fluyo y simplemente me dejo llevar y disfruto el momento. Ahora que lo pienso mejor, creo que cuando mi psicóloga me dice que esté presente y viva el aquí y ahora, lo puedo definir con esto, estar con ellas. No me pregunten por qué, porque la verdad no lo sé, es algo que simplemente siento en el momento y me hace sentir muy bien.

El viernes en la mañana nos escribimos en un grupo que tenemos las tres. Estábamos platicando de tonterías y actualizaciones de vida hasta que a Mariana se le ocurrió decirnos que nos fuéramos a su casa en Cocoyoc, obvio lo decía como plan a futuro nada serio, de esos que dices, «sí, sí, algún día lo hacemos». Bueno, no sé en qué momento la cosa fue en serio y Mariana nos dijo que pasaba por nosotras a las 6:00 pm después del trabajo… ¡y pues bueno!

Ya íbamos en camino y compramos cantidades estúpidas de alcohol por nuestra filosofía «más vale que sobre, a que falte» lol! Total, íbamos increíblemente felices en el coche, cantando, diciendo estupideces, haciendo bromas y todo cool. Llegamos a Cocoyoc como a las 8:00 pm y al instante, preparamos nuestros tragos, música y a la alberca. Amigos, no llevábamos ni una hora ahí y el papá de Mariana le marcó para decirle que estaban por llegar a Cocoyoc y que si quería alcanzarlos el sábado. Plop! Nuestro viaje improvisado al parecer se cancelaría porque si nos veían ahí a las tres nos iban a dar una regañiza y bueno, siempre hay que dar la mejor impresión ante los papás de tus amigas, aunque en el fondo saben que somos unas monstruitas.

Recogimos nuestras cosas y todo nuestro alcohol y nos fuimos todas derrotadas. Salimos justo a tiempo porque sus papás llegaron como una hora después de que le marcaron a Mariana. Como no nos queríamos dar por vencidas y regresar a la Ciudad de México, buscamos en Airbnb alguna casa y plop! no encontramos nada, ya estábamos en modo derrota hasta que a Fer se le ocurrió que nos fuéramos a su casa en Cuernavaca, le marcó a sus papás para asegurarse de que iba a estar desocupada y pues sí, ¡lo logramos!

Fue super chistoso porque literal las tres íbamos envueltas en nuestra toalla porque no nos dio tiempo de nada, Mariana manejando en bikini, Fer de copiloto tratando de guiar para no perdernos y yo atrás acostada durmiendo porque justo ese viernes tuve una reunión super temprano y tenía sueño; las tres muriéndonos de frío, lol! En fin, llegamos a casa de Fer y la perdición empezó. El recuento de nuestra primera noche fue: Mariana durmió y despertó en la alberca, Fer y yo cuchareando en el pasto tapadas con las toallas porque teníamos frío; dos botellas de José Cuervo, 2 de Capitan Morgan y una de Jack Daniel’s vacías. De verdad, no sé cómo no morimos de congestión alcohólica, ya somos demasiado grandes para eso, lol.

A las tontas de las tres amigas, no se les ocurrió llevarse la comida de casa de Mariana y pues lo único que nos sobraban eran 4 botellas de tinto, una de Jack y cerveza. Como estábamos asquerosamente intoxicadas de alcohol y sin comida, pedimos a domicilio unos chilaquiles para recuperarnos un poco. Nuestro plan sería desayunar, dormir 2 horas e ir al centro a dar un paseo y comprar comida, pero como tardaron en llegar nuestros chilaquiles, pues conectamos la peda y bueno, nuestro plan se arruinó. Antes de empedarnos aún más, decidimos pedir cosas del super para cocinar y poder comer lo que nos restaba del sábado y el domingo; no pedimos más alcohol porque con lo que teníamos nos iba a alcanzar perfecto porque nos íbamos a tomar un día «tranqui».

Insisto, no sé como estamos vivas hoy, lol! Ese sábado en lo que «desayunábamos» nuestros chilaquiles, estábamos haciendo el recuento de los daños, y normalmente lo hacemos viendo nuestros teléfonos porque nosotras solemos tomarnos un chorro de fotos y grabamos videos de nuestras estupideces y a veces lo subimos a redes sociales. Estábamos revisando todo lo que hicimos y nos dimos cuenta de que en nuestro viaje astral en el mundo del alcohol, nos creamos una cuenta de Instagram donde empezamos a subir todo lo que hacíamos. La verdad es que es la mejor idea que se nos ha ocurrido en nuestras pedas.

Decidimos quedarnos con la cuenta y ahí iremos documentando todas nuestras estupideces cuando estemos juntas. Obviamente, va a ser lo más secreta del mundo porque es algo baste cool y lleva cierta complicidad, más de la que ya tenemos, so, no se lo cuenten a nadie porque es secreto, lol!

Nuestro sábado siguió super bien, hasta que en algún punto nos dimos cuenta de que ya no teníamos alcohol de nuevo. Como las tres ya estábamos super pedas y ninguna podía manejar, bueno, yo no sé manejar, decidimos caminar al super a comprar más alcohol. La verdad es que tengo un blackout de lo que pasó en el Super y mi memoria regresa ya estado en la casa, las tres en la alberca abrazándonos y llorando porque nos amábamos mucho, hahaha! Somos la cosa más divertida del mundo.

El domingo, fue un día más tranqui, sin alcohol y mucha hidratación y aspirinas. Teníamos que regresar a la Ciudad de México a seguir nuestra vida de adultas funcionales y responsables. De verdad no recomiendo una peda de esa magnitud a los 28 años.

La verdad es que nos la pasamos increíblemente bien este fin, yo no recuerdo muchas cosas que hicimos de no ser por esa cuenta de Instagram. Tenemos muchas fotos en el Super posando con latas de chiles, harina para hacer hotcakes y helados. WTF con nosotras, hahaha!

Me hacía mucha falta un fin así, después de tantas cosas que nos han pasado a las tres y especialmente después de que atravesé por otro mini periodo depresivo por la muerte de mi mejor amigo, estar con ellas y revivir viajes y fiestas como en la universidad, me reanimaron el corazoncito y regresaron mi alma. Les juro que nunca imaginé lo importantes que se convertirían estas tres niñas en mi vida y no saben lo inmensamente feliz que me siento de seguir contando con ellas para TODO, literal, TODO.

La verdad es que ahora entiendo lo que mi mamá me decía muchas veces: «los amigos se cuentan con los dedos de las manos y hasta te sobran». A pesar, de que somos mejor conocidas como el «trío de la muerte», nadie más que nosotras sabe cómo es nuestra hermandad y lo importantes que somos en la vida de la otra. Lo que es aún mejor, es que podemos pasar meses sin hablarnos ni vernos, pero cuando lo hacemos, parece como si el tiempo no pasara. No sé que haría sin ellas, las amo demasiado y les estoy enormemente agradecida por todo lo que han hecho por mi, por lo mucho que significan y porque a pesar de ser «la loca», aquí siguen y esa lealtad es de las cosas que más valoro en la vida.

Y mi querido trío de la muerte, si alguna vez me leen, sepan que no tienen ni la menor idea de cuanto las amo y lo mucho que significan en mi vida, bitches!

3 comentarios en “El trío de la muerte”

  1. Qué bueno es tener esos fines de semana de amigas🤩son lo mejor. Yo los sigo teniendo y mira que soy mucho más vieja. Me alegra que lo disfrutarais tanto, pese a tener que haber salido volando de la casa de tu amiga 🤣🤣 Que vivan las amigas. Un abrazo fuerte y ya queda poco para el finde disfrútalo 😘😘

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    1. Sí, sin duda que esos fines con amigas te devuelven la vida, bueno, en general con viajar con quien quieres es magia. Ojalá un día nos encontremos en alguna parte del mundo ❤ Abrazo de regreso y te mando mucho amor!!!! ❤ ❤

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