Limitaciones, autosabotaje y miedo

Durante muchísimo tiempo, toda mi infancia y adolescencia crecí escuchando a todo el mundo menos a mí. Crecí escuchando el modelo de vida que tenían planeado para mi y que debía seguir al pie de la letra porque era lo menos que se esperaba de mí. Pasé todo este tiempo intentando encajar en el molde que me había hecho en mi cabeza para poder cumplir con ese modelo de vida planeado.

Lo que les voy a contar no lo hago con el afán de alardear ni creerme más importante o mejor que otros, simplemente es parte de mi historia.

Bueno, resulta que desde pequeñas a mi hermana y a mí nos dieron lo mejor de la vida: escuelas, cosas materiales, «buenos modales», miles de cursos y demás cosas para que fuéramos esas muñequitas, niñas bien, niñas modelo o como quieran llamarle. Pertenecíamos a una familia privilegiada y todo nuestro círculo social infantil era de este tipo de personas.

Pasé toda mi vida intentando encajar, físicamente, ese molde de «niña bien». ¿Por qué? Bueno, pues ese círculo social infantil al que les digo que pertenecíamos mi hermana y yo, eran niñas rubias, ojo claro, flaquitas, con gustos muy girly y así, ustedes se imaginarán. Mi hermana no lidió con eso porque encajaba mucho más que yo en ese círculo social, y es que yo era literal una bolita con una bolita de chinos en la cabeza, lol; era una chiquilla gordita, cabello y ojo oscuro, a la que no le gustaban mucho las cosas tan girly como a las demás, y que, en mi concepción de belleza, yo no era bonita como ellas.

Y aquí empiezan mis autolimitaciones y autosabotajes. Creía que yo no podía hacer ni tener lo mismo que las demás porque yo no era fisicamente como ellas, así que decidí tomar la actitud y personalidad de ellas para por lo menos tener eso en común y poder encajar en ese círculo social. Me volví toda una mini bitchy witch. Hasta la Universidad, yo era la niña más horrenda que se puedan imaginar porque juzgaba a todo el mundo por no tener lo mismo que yo (material y económicamente): eran morenos, no tenían un coche como los que había en la familia, porque no vivían en una zona nice como en la que solía vivir, porque olían «raro» y parecía que no se bañaban, porque no usaban ropa de buenas marcas… bueno, era un monstruo horrendo.

Suplí lo que consideraba mis carencias físicas por una personalidad bitchy como la de las demás niñas de mi círculo social. Ahora, a esto súmenle que por 11 años fui a una escuela católica de puras niñas, desde Kinder hasta Secundaria; además, esas niñas me hacían bullying porque no era fisicamente parecida a ellas. A pesar de un buen de cosas que me hacían para molestarme, yo las consideraba amigas porque cuando ellas necesitaban un favor de mi (que les pasara la tarea, les comprara regalos carísimos, las invitara a ciertos lugares, etc.) me hacían sentir especial y querida y ¡wow! yo me sentía parte de ese grupo.

Obviamente yo no me daba cuenta de que mi autoestima estaba por los suelos y que eso me causaría muchos problemas en el futuro; yo seguía siendo esa niña fresa, bitchy, caprichosa, berrinchuda, con pésima actitud que denigraba a los demás por no «tener» lo que yo. Todo esto siguió siendo reforzado inconscientemente por mi familia, mis papás nos seguían consintiendo a mi hermana y a mi y dándonos lo mejor de lo mejor y exigiéndonos ser quien se supone ellos habían planeado. No los culpo, porque al final de cuentas ¿quién no le quiere dar lo mejor de lo mejor a sus hijos? Obvio, mis papás no lo hacían con malas intenciones o por «echarnos a perder».

En fin, de cierta forma, siempre tuvimos esa libertad de elegir que estudiar y que hacer de nuestra vida, pero en el fondo yo sabía que mis papás querían que fuera alguien con cierta influencia y poder político como varias personas del círculo donde nos movíamos.

Al entrar a Prepa, mi vida cambió feo porque, para empezar, mi papá me obligó a dejar ese mundo rosa, nice y de privilegios en el que crecí. Por ciertos temas familiares y de seguridad tuvimos que mudarnos a casa de mis abuelos, que no es una zona nice como la que estaba acostumbrada. Pero el mayor cambio fue que mi papá «me obligó» a ir a una escuela pública para seguir sus pasos académicos; no se imaginan el berrinche que hice porque yo quería seguir en escuela privada con mis amigas. En la Prepa conocí y conviví con todo lo que criticaba y me molestaba en las personas; era un mundo totalmente nuevo y horrible para mi, porque ¡CONVIVÍA CON LA PROLE Y LOS NACOS! Al final, terminé siendo amiga de los hippies de la Prepa y siendo un desmadre monumental, lol.

En fin, puedo contar mil historias, pero lo importante es que en ese punto, yo decidí estudiar Relaciones Internacionales porque quería convertirme en una diplomática mexicana importante y con cierta influencia en el ambiente político, y así, también seguiría con ese plan de vida y ese molde que se hizo de mí y para poder seguir «los pasos de la familia».

Al entrar a la Universidad y a la Facultad que quería, ¡uy! descubrí que lo mío no era la diplomacia, muchas influencias de maestros y ese ambiente académico un poco más realista y crítico, me hicieron ver que todo a lo que yo aspiraba era muy superficial, lleno de hipocresía y traiciones y ya no me gustó para nada; también me di cuenta que yo crecí en ese mundito que ahora ya estaba empezando a odiar. Mi enfoque académico y profesional dio un giro porque me di cuenta que lo que amo hacer va más enfocado a temas humanitarios, proyectos de desarrollo, desarrollo humano, pobreza, temas de desigualdad, y esos temas por los que muchos me han dicho hippie o «chaira», en pocas palabras, el trabajo con sociedad civil.

Al mismo tiempo que esto pasaba, conocí Un Techo para mi País México (ahora best knowing as TECHO México <3), esta ONG cambió mi vida completamente, lo cual agradezco infinitamente, me dio mi primer reality bitch slap de la vida y neta me di cuenta de lo estúpida y horrorosa y monstruosa niña fresa caprichosa que había sido. Obviamente esto rompía completamente el molde de lo que se había diseñado para mi vida; a la fecha no ha sido fácil de aceptar, especialmente para mi papá, porque aún sigue insistiendo con que «sus contactos» pueden conseguirme un trabajo mejor en ese mundito político.

A partir de esto me di cuenta de las limitaciones que yo misma me puse para cumplir con lo que se esperaba de mí, para complacer a todo el mundo, perdiéndome en un mundo al que claramente yo ya no quería pertenecer. Esto me obligó a callarme y reprimirme muchas cosas para no decepcionar a nadie. Me convertí ahora en una monstruita perfeccionista, dedicada a complacer a todo el mundo para que no se enojaran conmigo; volví a callarme a mi misma, callé a mi yo interna una vez más.

Este perfeccionismo lo llevé a mis relaciones personales, quería ser la hija, hermana, amiga y novia perfecta. Me autosaboteaba porque no me creía buena para nadie y me callaba sentimientos y cosas que yo quería, no quería, o que me hacían sentir mal para no hacer enojar a los demás, especialmente al ex, porque me daba miedo que me dejaran de querer, que me dejaran de amar por no ser esa niñita perfecta. Tenía miedo a estar sola, estaba acostumbrada a complacer a todo el mundo para que estuvieran felices conmigo. Gosh! Mi gran lección fue con mi relación con el ex, era mi primer novio y quería que todo saliera perfecto y muchas veces, muchas, me autosaboteaba porque no creía que estuviera a la altura de ese hombre, lo admiraba demasiado por todo lo que había hecho personal y profesionalmente, y me fui haciendo chiquita hasta perderme yo misma en esa relación.

Hace apenas un año, después de esa horrible depresión y agujero negro en el que me metí después de que terminaron conmigo, fue cuando empecé a darme cuenta de todo el daño que me había hecho por las limitaciones que creía tener, porque me autosaboteaba y porque me daba miedo vivir, literal. No les voy a mentir y a decir que ya soy super zen, yogui y que he tenido un cambio espiritual y que estoy en camino de convertirme en una Buda, ¡cero! Sigo teniendo mil ideas autolimitantes, que me hacen autosabotearme y mil miedos más, pero la diferencia es que ahora me doy cuenta de ellos y trato de frenar esos impulsos de complacer a todos el mundo.

Aún estoy trabajando en mis miedos, y esos miedos vienen de todas esas heridas de mi infancia de las que ya les hablé. He de confesar, y con mucho mucho pesar, porque le estoy dando a mi ego donde más le duele, que mis dos miedos más grandes son el miedo al rechazo y al abandono; recientemente se desbloqueó uno nuevo que es el miedo a la traición o a confiar en alguien.

Creo mi miedo al abandono y al rechazo ya ha quedado claro con lo que les he contado, pero el miedo a la traición o a confiar de nuevo e alguien es algo que recién descubrí. ¿Saben? Me da muchísimo miedo volver a confiar y a abrirme con alguien como lo hice con el ex para que al final terminen traicionándome, de ahí salió ese miedo. Y es que en ese intento de ser la novia perfecta y tener la relación perfecta, yo quería que esa persona conociera todo mi para que entendiera porqué soy como soy y pudiera «tenerme paciencia» en mi forma de ser, porque amigos, fue la primera persona a quien realmente le mostré mi verdadero yo, le enseñé todas mis vulnerabilidades, mis puntos débiles, las cosas que amo, las que odio, le hablé de cosas que nunca creí que iba a mencionar para que al final ¡boom! usara varias de esas cosas contra mi, y yo, ahí, dejándome humillar y saboteándome yo misma reafirmando todas esas ideas autolimitantes y autosaboteándome yo misma.

Ese, básicamente es el miedo más grande con el que estoy luchando ahora, y con el que lidio con Jay, recaer en un agujero negro depresivo del que ahora si no pueda salir, por volver a confiar y mostrar mi verdadero yo de nuevo a alguien, ¿esta super pendejo, no? Bueno, a veces yo creo eso…

Definitivamente soy una niña super super diferente de la que era en la relación con el ex. No voy a decir que soy mejor y soy super zen, yogui, mindfulness y eso; sí práctico eso, pero creo que lo más valioso es que estoy aprendiendo a conocerme y a amarme, y que cuando me encuentro teniendo un pensamiento que me autolimita o con el que me estoy autosaboteando, simplemente lo siento en el momento y no dejo que escale; no me empiezo a contarme historias para que Macaco haga un desmadre en mi cabeza. Se escucha super fácil, pero es todo un pain in the ass lograrlo. Siempre que me encuentro teniendo un pensamiento de este tipo, digo «ok, me dolió el pechito y ahora stop«, y hago mi «Trabajo» (prometo escribirles sobre The Work que me enseñó Stef con la metodología de Byron Katie).

Creo que lo más valioso que he aprendido con mis «maestras espirituales» (Paty y Stef) es la Integración Emocional y The Work. Y lo más difícil es aceptar cosas que creías superadas o que le disparan directo a tu ego y es que ese hijo de puta es un cabrón, el ego puede arruinar muchas relaciones porque te hace actuar de maneras que a veces dices WTF conmigo!

En fin. Después de esto, confirmo lo loquita que he quedado por muchas cosas que he experimentado en mi vida, hahaha!

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.