¿Suicidarse o no suicidarse? Ese es el dilema.
El tema del suicidio sigue siendo un tema bien delicado y doloroso para mí aún. Podrán verme reír y burlarme de mí misma o haciendo bromas sobre esto, pero la verdad, es que sigue siendo un tema delicado dentro de mi corazoncito por el impacto tan grande que tuvo y ha tenido en mi vida. Como les decía, a veces, mis bromas, sí son un poco para evadir el tema porque aún duele; y no es que duela las razones, sino que duele recordar ese horrible dolorcito insoportable que se sentía en el pecho y duele recordar esos momentos posteriores a mis intentos despertando en el hospital y viendo a mis papás cabizbajos…
Septiembre, además de celebrar mi hermoso cumpleaños ♥️ , ser el mejor mes de la vida por ser mes patrio ♥️ y ser mes de sismos en México 💔, también es el mes de la prevención del suicidio. El 10 de septiembre es el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, este es organizado por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) para crear conciencia sobre la importancia de este tema y para demostrar que esto es algo que podemos prevenir.
De acuerdo a cifras de la OMS, cada año más de 800 mil personas se suicidan; a nivel mundial representan el 50% de las muertes violentas en hombres y 71% en mujeres, además de ser la segunda causa de muerte entre personas de 15 a 29 años. Por cada adulto que se suicida, posiblemente hay otras 20 personas más intentándolo.
Aunque el tema de las enfermedades mentales ya está dejando de ser un tema tabú, el suicidio sigue siendo un tema del que se evita hablar a pesar de ser un muy grave problema. Si bien el suicidio está estrechamente vinculado con trastornos mentales, especialmente con temas de depresión de cualquier tipo, es un tema muy muy complejo en el que pueden intervenir muchos otros factores: psicológicos, sociales, biológicos, culturales y ambientales.
Suicidarse implica mucho más que la estúpida discusión que se tiene en diversos espacios: valentía (por hacerlo) o cobardía (por no poder afrontar tus problemas como los demás). Yo era una de esas horribles personas que pensaban que eran cobardes por no poder afrontar la vida y sus problemas, porque, al final de cuentas ¿qué podía ser tan grave como para querer morirte? lol ¡qué ser tan estúpida era! El pensar en suicidio y tomar la decisión de hacerlo es un momento catártico, donde sí o sí, aún sin lograrlo, nuestra vida y la vida de las personas a tu alrededor va a cambiar radicalmente. Por un lado nosotros dejaremos de existir o tendremos que vivir con pensamientos de culpabilidad toda nuestra vida. Quienes están a nuestro alrededor o van a experimentar un dolor por nuestra muerte o van a vivir con miedo de que algún día pensemos hacerlo nuevamente y lo logremos, y todo el tiempo van a estar preguntándose sobre las razones que nos orillaron a hacerlo y tratar de entenderlo.
El tomar la decisión de intentar suicidarse viene después de experimentar una crisis que nos provoca un dolor indescriptible e inconmensurable, es algo que les juro, hasta el día de hoy, no puedo comparar con ningún otro dolor que he experimentado, y mucho menos tengo la capacidad de describirles con palabras. Y les juro por mis perritous, que es algo que no le deseo a NADIE, absolutamente a NADIE, para que lo experimente, ni siquiera al ser vivo más despreciable que ha pisado este planeta que es George W. Bush.
Mi historia de depresión ya se la saben un poco porque han leído mis publicaciones anteriores. El resumen es que tras ser diagnosticada con un Trastorno mixto ansioso depresivo, me caí en agujero negro muy profundo del que fui incapaz de salir por meses y que se fue haciendo mucho más hondo después de perder mi trabajo soñado, después de mil problemas familiares, pero sobre todo después de que quien creía era el amor de mi vida terminó conmigo; esta última fue lo que disparó el dolor que ya tenía a niveles inconmensurables e indescriptibles.
Mis intentos de suicido no fueron actos instantáneos, tuve todo un proceso que ahora que lo puedo hablar de una forma un poco más racional, fue un proceso en el que tras no encontrar una respuesta u otra opción a mi desesperación, decidí hacerlo. En mi cabeza ya había intentado todo, los antidepresivos no funcionaban; mis amigos parecían no comprender la magnitud de todo lo que sentía y que si insistía hablándoles del tema me iban a dejar de hablar, a decir dramática o a pensar que quería llamar la atención como así me lo hizo notar el ex en innumerables ocasiones; mis psicólogas no me daban una solución rápida como quería y sólo escuchaban lo que hablaba y de vez en cuanto ellas hablaban; ir llorando a la iglesia a pedir a Dios que me quitara el dolor de corazón roto tampoco funcionó; mi mamá y hermana decían que ya se me iba a pasar, pero no pasa y el dolor sólo crecía; no tenía ni siquiera un trabajo o alguna actividad para distraer mis pensamientos, porque ni siquiera tenía la fuerza suficiente para salir de mi cama a comer o bañarme. Nada aliviaba mi dolor, y al contrario, cada día se iba intensificando más y más al punto en que ya no pude contenerlo más.
¿Pero, dude, qué pensabas o qué querías lograr? ¿De verdad querías morir? No, la respuesta es y siempre será un no. No quería morirme, lo único que quería era que alguien, algo, o de alguna forma, me arrancaran el corazón o toda esa parte en el pecho donde sentía todo ese dolor y malestar emocional que también ya era dolor físico; y como ni yo ni nadie más podía hacerme dejar de sentir eso, el dejar de vivir parecía ser la opción que me haría dejar de sentir y de que desapareciera todo ese dolor que sentía dentro de mi.
¿Pero qué sentía o cómo se sentía? No sé, es algo que no puedo describir con palabras hasta la fecha, es algo que nunca antes había experimentado, ni cuando murieron mis abuelos que eran mis dolores más grandes hasta ese momento. De verdad, no es que quiera embellecer este escrito al escribir que no puedo describir ese dolor, es que de verdad no puedo hacerlo porque fue tan feo y tan grande que no tengo un comparativo. No es algo que pueda hablar, simplemente lo sentía y lo sentía muy feo, principalmente en el pecho y en la boca del estómago, físicamente, ahí se sentía el dolor.
¿Pero de verdad te querías morir porque un wey terminó contigo? ¡Namames! Sí, y pensar algo como esto es algo estúpido para muchos, pero no por eso tienen el derecho de invalidar mis sentimientos o creerse con el derecho de hablar de lo que nunca han sentido en su vida, y no hablo de una ruptura de corazón, porque estoy segura de que todo el mundo hemos experimentado eso; hablo más bien de situaciones que se ven maximizadas a niveles estratosféricos porque sufres una enfermedad mental como es la depresión.
Y es que lo peor de tener una enfermedad mental es que la gente quiere actúes como si no la tuvieras sólo porque ellos no lo pueden sentir (y probablemente no lo sentirán) y no lo pueden vislumbrar, creen que no existe o creen que es algo estúpido o patético… ¡Ey gente! Spoiler alert! Las enfermedades mentales son reales y no porque en tu raciocinio no existan, quiere decir que de verdad no existan. Es como si dijeras que las nevadas no existen porque tú nunca has visto nevar en tu ranch… No porque algo no exista en tu realidad, es falso en las realidades de los demás.
No, nunca vamos a poder actuar como si no padeciéramos una enfermedad mental, siempre vamos y las personas a nuestro al rededor, y que quieran permanecer a nuestro alrededor, van a lidiar con el hecho de que padecemos algo así y no somos «normales» como todo el mundo quiere que seamos. Deal with that! Simplemente vamos a tener la capacidad de controlarlo, en la mayoría de los casos; otros, sí tendrán la oportunidad de «curarse», porque afortunadamente su tratamiento así se los ha permitido.
Un primer intento de suicidio no funcionó… El dolor se incrementó aún más después de ver cómo lastimé e hice sentir mal a muchas personas, principalmente mamá y papá. La culpa con la que cargué al despertar viva en el hospital, fue horrorosa; ver a mamá llorando y a papá resoplando aguantando las lagrimas y con caras raras, me partió el alma aún mas. Mis perros me salvaron de este intento uno… Aún se me salen las lagrimas al recordar estos momentos porque fueron muy feos, me dolió ver más el dolor de mis personas, que mi propio dolor… Esto, más el constante acoso de personas que me informaban diligentemente lo que el ex hacía y dejaba de hacer con su vida, aunado a miles de insultos y amenazas, me llevaron a un segundo intento de suicidio.
Después de este segundo intento quedé tan mal, con un trauma bastante grande que entré en un estado catatónico, del que afortunadamente me ayudaron a salir especialistas de la salud mental y mi familia. No les puedo contar mucho de este episodio porque, afortunadamente, no lo recuerdo y es algo de lo que acordé con mis padres no hablar para no sentir culpa y no recaer en algo así otra vez. Sí, es algo que he elegido reprimir y que a veces me siento mal por ello, pero como me ha dicho mi psicóloga, si mi cabeza decidió reprimirlo, fue para evitar hacer un trauma aún más grande del que ya había, mi propia cabecita me estaba protegiendo de mi misma (sadly puppy eyes)… y es que sí, gente, al parecer, todo esto podía ser aún peor.
Un tercer intento vino tiempo después porque las stalkers seguían recordándome e informándome cada paso que daba y no daba el ex, y de quien me hacían acordarme porque lo extrañaba chorros y chorros. Afortunadamente, llegó a mi vida otra niña (que irónicamente era con quien salía-ish el ex) y que a pesar de que las cosas y las situaciones se volvieron raras, le estoy y estaré eterna e inmensamente agradecida por escucharme, leerme y ayudarme cuando estaba a punto de intentar un suicidio de nuevo.
Gente, como «sobreviviente» de un par de intentos de suicidio, lo que les puedo decir desde mi experiencia es que no necesito ni quiero ser salvada, no necesito que luchen por mi, necesito que me hagan saber que tengo personas que me aceptan aún y con todo lo weirdness que vive en mi cabeza. No necesito que resuelvan mis problemas, ni mucho menos mi vida, lo único que necesito de ustedes es que cuando me vean en mis días malos, no me juzguen, no me vean raro, no intenten sacarme de ahí a la fuerza, simplemente háganme sentir apoyada y querida, simplemente déjenme llorar con ustedes y contarles cosas que podrían parecer sin sentido para ustedes, pero que necesito sacar. A veces, en serio que a veces, sólo necesitamos sentirnos escuchado y comprendidos, aunque no lo logren comprender al 100%, de verdad que sentir que contamos con alguien incondicionalmente hace la diferencia totalmente.
Cuando sepan que alguien padece depresión y/o atraviesa por alguna situación que para esa persona resulta muy dolorosa, no lo juzguen y háganle sentir que tiene a alguien a su lado. Cuando noten que se está aislando, denle su espacio, pero no lo dejen sólo. Nunca minimicen a alguien que les dice que ha estado triste o sufriendo por algo que tal vez para ustedes es tonto; al contrario, anímenlo a pedir ayuda médica profesional y asegúrense de que sepa que no va a ser juzgado por ello. Cuando alguien les hable de suicidio o pensamientos suicidas, no piensen que quiere atención y de nuevo anímenlo a pedir ayuda y háganle saber que no está mal. Nunca digan el típico «échale ganas» o frases de esa tipo que haga sentir que invalidan sus sentimientos, el sufrimiento emocional de una persona suicida es real e involuntario y no es suficiente «echarle ganas» para salir de ahí. no todos los suicidas tenemos una enfermedad mental, algunos tienen una situación específica, muy difícil y también merecen ser escuchados, validados y ayudados.
Lo más importante es que sepan que alguien que ha hablado de suicidio o que tiene ideas de muerte constantemente, hay que tomarlo muy en serio, porque normalmente quien lo ha externado, lo va a intentar y la mayoría lo hemos tomado a la ligera. Aunque en un futuro se vea de nuevo feliz y contento, esto es un signo de alarma y hay que mantenernos atentos a estas personas. Quienes hemos tenido estas ideas o hemos intentado suicidio, es altamente probable que volvamos a tener estas ideas recurrentemente o que volvamos a intentarlo, pero por miedo no hablamos. Por eso soy muy repetitiva diciendo que no nos hagan sentir juzgados diciéndonos que somos «muy dramáticos» o «queremos atención», porque es probable que eso lo empeore y que nos neguemos a hablar en un futuro, eso es más bien un grito desesperado de ayuda que muchas veces no captamos, pero es importante tener conocimiento de esto.
Y por fa, recuerden que todos podemos cambiar la vida de alguien, aunque sea una persona completamente desconocida y ajena a nuestra realidad, tenemos esa oportunidad. Porque aunque no lo crean, sentir que alguien nos escucha sin juzgarnos y sin querer cambiarnos, puede hacer la diferencia para salvar una vida… ¡sip! así como esa desconocida lo hizo conmigo y no era ni su obligación ni su deber hacerlo, pero que se lo agradezco enormemente y le estaré agradecida por siempre.
Y si quien me lee es alguien que se siente con un inmenso dolor dentro de sí y ya no quiere seguir sufriendo, por fa, antes de intentar todo eso que tienes en mente, escríbeme por cualquier medio, en este blog en la sección de contacto o en cualquiera de mis redes sociales en el header del blog. Escríbeme para hablar, porque I‘ve been there y se siente horrible, ¡te entiendo! Pero créeme cuando te digo que puedo acompañarte en este proceso y podemos buscar algún tipo de ayuda juntos…