¿Quién quiere un estúpido corazón de pollo?

Yo ya no sé si ser o tener el corazón de pollo es algo bueno o malo, si es una cualidad o un defecto. A veces odio demasiado ser la niñita con corazón de pollo porque ha sido el culpable de mis decepciones y mi corazón roto, y por lo tanto, de lo que me ha pasado y me ha dolido muchísimo.

Muchísimas veces he intentado ser una perra como otras niñas, un tipo de femme fatale para que nadie se atreva a lastimarme otra vez, pero la verdad es que no me sale, siempre termina ganando mi corazón de pollo y siempre alguien termina lastimándome, o más bien, termino lastimándome yo por creer que ellos tienen la misma educación, los mismos valores e ideales que yo, pero resultan ser una basura de personas que sólo se aprovecha de nosotros los corazones de pollo.

No estoy segura de que todos sepan a qué me refiero cuando les digo que tengo un estúpido corazón de pollo y por eso quiero escribirles lo que algunos amigos y familia entienden con esta frase y se las comparto para que la entiendan ustedes también:

Es alguien con una personalidad muy empática, ingenua e inocente. Se lo decimos a alguien que tiende a ser muy blando de sentimientos, a tal grado que en ocasiones se aprovechan de esa persona.

Significa que es muy sentimental y noble, que se le estruja el alma ante circunstancias de desigualdad social o injusticias o que siempre desea ayudar a la gente sin recibir nada a cambio y con nobleza.

Es una persona muy buena, tierna, blandita, sentimental, noble y fácil de convencer..

Somos los que lloramos mucho y casi por cualquier cosa, somos más sensibles. Tener corazón de pollo significa que tenemos excesos de empatía y se nos hace más sencillo ponernos en los zapatos de los demás.

Significa que es un corazón muy sensible, sentimental que le llega al corazón las cosas que le dicen.

Significa que alguien es muy sentimental y noble, que con cualquier cosa salen a relucir sus sentimientos.

Significa que eres tierna y que eres blandita de corazón, que eres muy sensible y que te impresionas o lloras por todo. Puede ser positiva y negativa, depende de cómo y porqué te lo digan.

Creo que quedó claro lo que es ser una corazón de pollo y pues sí, ¡soy una niñita corazón de pollo! La verdad es que sí, por lo general odio ser la del corazón de pollo porque me ha metido en muchos problemas que me ha costado lagrimas de sangre salir de ellos, pero la verdad, es que también me ha dado grandes satisfacciones y se siente bien padre que ese corazón de pollo me ha hecho una persona más centrada y menos superficial y materialista como lo era antes.

Mi corazón de pollo cambió mi forma de ver la vida, fue él quien me hizo ver lo que verdaderamente quiero en la vida. A mí no me interesa para nada trabajar para ser poderosa y multimillonaria y comprar casas, carros y demás cosas materiales que muchos aspiran a tener; a mi me gusta trabajar en organizaciones de la sociedad civil que trabajan por apoyar a quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad.

Muchos, incluso mi familia, piensa que esos no son un buen trabajo porque no pagan bien, trabajas fines de semana, te desgastas más y te pagan lo mismo, te pones en riesgo porque nos vamos a meter a lugares «peligrosos», no hay seguridad social, no hay reconocimiento, en fin, hay más y más comentarios negativos. La verdad es que cada vez que he trabajado en estas organizaciones, mi corazón y mi ser son felices; no les voy a mentir, sí es muy duro y se te encoge más el corazón al conocer las historias de, por ejemplo, las personas en situación de pobreza o de quienes son privados de su libertad injustamente, te da una impotencia enorme y quieres hacer más y más para apoyarlos.

No, no es que quiera ser la Madre Teresa ni mucho menos, simplemente es mi corazón de pollo el que me está diciendo que esas personas merecen el respeto y las oportunidades que yo sí tuve y tengo actualmente, y es que es bien feo que nos estemos juzgando por lo que tenemos y por cómo nos vemos y no por quienes somos en realidad. Yo sé que se escucha muy Disney y es por esa misma razón que mi corazón de pollo me ha llevado a meterme en muchos problemas, principalmente emocionales, porque no he sabido negarme cuando veo a personas que están en una situación de vulnerabilidad y pongo a esas personas o situaciones antes que a mí, mi bienestar, mi beneficio y mi salud mental.

Mi corazón de pollo me ha ha permitido reflexionar y tomar conciencia de las grandes desigualdades en las que muchas personas vivimos, porque me ha permitido ponerme en el lugar de esas personas para entender su situación y ser consciente de lo que afecta o afectará una situación a las personas que amo. Eso, que mi corazón de pollo me hace ver por los que amo antes que por mí misma y termino entregándoles todo de mi, de corazón, con las mejores intenciones, para que ellos sean felices porque si ellos son felices, yo soy feliz, y pues al final, me clavan el cuchillo en la espalda…

Esa es la paradoja de mi corazón de pollo, amo dar todo y entregarme por completo a los demás, especialmente a los que amo, pero por alguna razón, al final, termino cometiendo un par de errores y mágicamente todo eso que di de corazón se olvida y soy la peor persona del universo, la más egoísta, irresponsable y hasta una loca psycho…

Y así, termino sufriendo yo por culpa del maldito corazón de pollo que hace que se aprovechen de mí porque saben qué botón tocar para activar esa parte bonachona de mi y termino siendo manipulada y lastimada…

Ultimamente, y con todo lo que he aprendido en mis terapias para poder lidiar con Macaco, he tratado de «controlar» a ese corazón de pollo. Yo lloraba y lloraba con Mary porque me quería comportar como una maldita perra con Luis, pero no podía y cada vez que me necesitaba, ahí estaba, aunque me haya hecho mierda, seguía ahí dispuesta a ayudar. Sí, una parte era esa dependencia emocional y nulo amor propio, pero otra bien grande era ese corazón de pollo que tengo. Mary me repetía y me repetía que nunca iba a poder ser así (una perra) porque no era mi naturaleza, que yo era una persona noble que le gusta ayudar pero que debo aprender a moderar ese amor que tengo ganas de dar, que no debo entregarme al 100 de inicio y tomarme las cosas con calma; hay que aprender a distinguir con quien sí, con quien no o con quien más o menos. Paty me ha repetido lo mismo, que soy una buena persona con corazón muy noble pero que no debo tratar de hacerme la salvadora ni la heroína de nadie porque no es mi responsabilidad que las personas sean felices y estén bien.

La verdad es que es un reto horrible «controlar» mi corazón de pollo. No puedo y menos teniendo a mi mamá que soy igualita a ella, de ahí saqué mi corazón de pollo… En esta cuarentena nos la hemos pasado sufriendo porque queremos ayudar a todo el mundo, cada semana le damos dinero extra al señor de la basura; cada que un repartidor viene a dejarnos comida o lo que sea, le damos una buena propina; ya nos fuimos a dejarle comida a los perritos de la calle porque ya no hay gente en la calle que les de comida; ya armamos despensas para familias en comunidades de Milpa Alta… No, no queremos que nos reconozcan nada, es que ya nos pusimos a llorar las dos porque el señor de la basura nos estaba contando como vivía y cómo ha bajado el trabajo, vemos y leemos historias de gente que no tiene trabajo por la cuarentena y nos da algo, especialmente porque son personas en situación de vulnerabilidad que viven al día.

No, definitivamente no puedo «controlar» mi corazón de pollo. Es muy difícil porque siempre que me enfrento a una situación delicada para mi corazoncito, me repito mentalmente «no es tu problema, no es tu problema, no es tu problema» o «no pienses, no pienses, no pienses», pero al final, gana el corazón de pollo.

Pero, ¿saben algo? Ya no voy a permitir que me manipulen, me engañen y me rompan el corazón, ¡no más! Ya no pienso darle la bienvenida y abrirle las puertas de mi corazón a cualquier persona y es que la última vez que confié tanto en alguien, me enteré que el tipo me ponía los cuernos desde el día uno que empezamos a salir. Sí, me atreví a enseñarle cada rincón, pared, esquina, espacio de mi ser a Luis, le dije exactamente dónde me dolía y que era lo peor que me habían hecho y lo que no aguantaba y el lo único que hizo fue agarrar todo eso para usarlo en mi contra y hacerlo 500 veces más doloroso; le enseñé mis puntos débiles y le di todo un catálogo de armas para que me lastimara… sí, esa fue la última cagada de mi corazón de pollo.

Lo que es muy interesante es que a pesar de las malas experiencias, a pesar de que me han lastimado un sin fin de veces, sigo dándolo todo, una y otra y otra vez, como si nada me hubiera lastimado, como si nunca hubiera tenido una mala experiencia. Es como si ya hubiera avanzado en mi libro y estuviera varios capítulos adelante, pero en cuanto algo vuelve a revolver mi corazón, es como si regresara de nuevo a ese capítulo que ya había superado. Esto fue lo que me pasó con Jay, regresó a mover algo que según yo ya no volvería a sentir, al menos no en un muy largo tiempo.

Jay volvió a romperme y es como si no hubiera entendido. Pero esta vez Jay no fue el culpable, desafortunadamente hay cosas como la vida y la muerte que son inevitables y simplemente tienen que pasar algún día y pues ese día le llegó a Jay. Yo no creo que esto me haya pasado otra vez porque estoy acostumbrada a esto o porque me guste sufrir; creo que en el fondo sigo creyendo que hay un amor bonito por ahí para mi, que hay un amor bonito que me merezco y con quien voy a poder compartir todo eso que mi corazón de pollo tiene para ofrecer.

Yo creía que cuando era amor verdadero se debía sufrir para probar que el amor todo lo puede. La verdad es que así como me lastimaron, yo me lastimé más por tener expectativas tan altas en personas que sólo son basura. La última vez, con Luis, me esforcé tanto para hacer que las cosas funcionaran co él y que todo fuera perfecto, perfecto para que fuera como el cuento Disney que tanto quise vivir y forcé tanto las cosas que terminé rompiéndome a mí misma.

Pero ya fue suficiente, ya tuve suficiente, debo aprender a ser un poco más egoísta. Y la verdad es que he tenido muchos avances en esto de «ser egoísta» (en realidad lo llamo amor propio), me falta mucho por recorrer pero voy por buen camino porque ahora sé que para encontrar ese amor bonito que tanto quiero, primero debo desarrollar ese amor bonito para mí misma. Sí, es difícil tener el corazón de pollo, pero un día llegará alguien que entienda que no sólo lo quiero y lo amo por hacerlo, por que sí, él entenderá que lo quiero y lo amo porque sé cómo hacerlo, sé querer bonito y es así como quiero que me quieran. También debo entender que no todos saben cómo querer y cómo amar y debo alejarme de esas personas para que no me lastimen más.

1 comentario en “¿Quién quiere un estúpido corazón de pollo?”

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.