Íngrid Escamilla, 25 años. Apuñalada y desollada por su pareja de cuarenta y tantos años. Su pareja se drogó, se alcoholizó y, en sus palabras, “se le metió el diablo” y por eso hizo lo que hizo con Ingrid.
Fátima Aldrighett, 7 años. Secuestrada después de salir de la escuela, su cuerpo fue encontrado en una bolsa de plástico. La mujer que la secuestró dijo que lo hizo porque su pareja quería una “novia joven” para que le durara más tiempo; el enfermo degenerado amenazó con violar a sus hijas si no le llevaba a esa “novia joven”.
Esos dos asesinatos ocurrieron en el transcurso de sólo una semana en la Ciudad de México… Esa es la realidad a la que nos enfrentamos hoy las mexicanas… ¡nos están matando!
Yo creía que era feminista desde hace mucho tiempo, pero en realidad no lo era por mil y un actitudes y comentarios que hacía de otras mujeres y de mi misma. Además, de alguna forma, siempre tuve presente que estaba en relaciones-ish llenas de violencia psicológica y yo no era capaz de hacer nada, primero Saddam y luego Luis.
Lo que pasó con Luis me destruyó física, mental y emocionalmente… Me le entregué completamente y me dejé pisotear como nunca antes. Yo sabía que él era un ser violento, no porque me golpeara ni me hiciera daño físicamente, sino que era una violencia psicológica brutal y yo fui incapaz de poner límite y de decir “alto”, no sé diga de abandonar esa relación.
He estado leyendo y escuchando un sin fin de historias de niñas que vivieron cosas muy muy similares a las que yo viví. Es un coraje y una impotencia muy grande la que siento porque estando dentro de una relación así, somos incapaces de abrir los ojos, de salir de ahí; justificamos todo eso por la falta de amor propio ¡y es horrible!, es horrible no amarte y buscar migajas de amor en una persona manipuladora y violenta. Cualquier mínima muestra de amor que te dan, lo es todo para nosotras las que no nos amamos a nosotras mismas.
Esa vulnerabilidad como lo es la falta de amor propio, la aprovechan estos patanes narcisistas para manipularnos. Detrás de esa máscara de “buenas personas” que proyectan ante otros, se esconde un macho feminicida y en cualquier momento puede salir. Afortunadamente, yo no llegué a conocer a mi potencial feminicida…
He sufrido, he llorado, he gritado, “he todo” después de que me dejaron. Mi proceso de reconstrucción y salida de mi agujero negro me ha costado lágrimas de sangre, me ha costado meses de altibajos… ha sido el mismísimo infierno, pero paradójicamente, también ha sido el cielo.
Soy feminista hoy más que nunca porque he sido víctima de violencia por parte de varios hombres y he vivido en carne propia todo el dolor y sufrimiento que eso implica. Soy feminista porque estoy harta de que más mujeres sean víctimas de machos violentos. Soy feminista porque siento impotencia por no poder ayudar ni apoyar a mujeres que están siendo víctimas de violencia de cualquier tipo.
Desgraciadamente no puedo hacer nada porque, aunque hablemos mil y un veces con esas mujeres víctimas de violencia y las queramos sacar de esa relación, es dificilísimo porque estando ahí dentro, estamos embelesadas con ese hombre, porque muchas de nosotros debemos tocar fondo para poder darnos cuenta de la realidad. Y a veces ese tocar fondo termina en un feminicidio, ese tocar fondo ya es tarde para muchas.
Cada una tenemos nuestro proceso y nadie más que nosotras tiene el poder de decir basta. Soy feminista porque cada que una mujer diga basta, yo estaré ahí, de alguna forma, para ella, para darle apoyo psicológico, para darle un abrazo, para escuchar su historia, para que llore, para lo que sea, yo, la feminista, ahí va a estar porque sé lo que siente y sé lo que es que nadie te crea ni te apoye.
Soy feminista porque, no es broma, he llorado la muerte de esas dos desconocidas, de Ingrid y Fátima, he llorado de impotencia, de coraje. He llorado porque tengo miedo, es horrible tener miedo. He llorado porque pude ser yo, mi hermana, mi mejor amiga, mi mamá… He llorado porque no es posible que no nos crean cuando hablamos de que fuimos o somos víctimas de violencia; es horrible que nadie te crea y tengas que atravesar por todo eso tú sola.
Estoy harta de que seamos vistas como el «sexo débil», de que crean que nos pueden pisotear y aprovecharse de nuestras debilidades. Estoy harta de que seamos criadas dentro de una sociedad machista donde se aplaude a los hombres por “tomar su lugar y actuar como machos”, mientras que a las mujeres que también luchan por respeto y por «un lugar», se les ataca y se les pone el pie para que no logren lo que quieren ser o hacer; estoy harta de los estereotipos de género; estoy harta de que entre nosotras mismas nos tiremos mierda; estoy harta de sentirme insegura en mi propia ciudad; estoy harta de desconfiar de cualquier hombre que veo mientras camino de noche para ir a casa; estoy harta de la violencia…
¡Soy feminista y quiero que dejen de violentarnos y de matarnos!